Las políticas de crédito son determinantes en el éxito o fracaso del comercio o de las entidades financieras, quienes tienen una alta injerencia en la economía de un Estado, este es un contexto que la aplicación adecuada y su cumplimiento por parte del personal operativo en el crédito y cobranza garantiza la estabilidad económica y la permanencia de cualquier empresa o entidad financiera dentro del mercado, por ello debe existir un  principal énfasis al seguimiento de esta políticas.

shutterstock_83411788El espectáculo del colapso financiero mundial ha sido deprimente. Se ha cumplido ya más de un año desde que desencadenó y casi un mes desde la fatídica semana que se inició el domingo 14 de septiembre (ver fecha de publicación del artículo en parte inferior) con la quiebra uno de los cinco grandes bancos de inversión norteamericanos y el rescate de otro (otro ya había sido rescatado en marzo), y siguió a comienzos de la semana con el rescate de la principal empresa de seguros (AIG) y la venta forzosa de los activos del principal banco de ahorro y crédito (Washington Mutual) y uno de los bancos comerciales más grandes (Wachovia; muchos otros, más pequeños, han quebrado en los últimos meses). El miércoles 17 y el jueves 18 el sistema financiero de Estados Unidos estuvo a punto de un colapso total y se desencadenó la virtual paralización del crédito interbancario y de la emisión de papeles comerciales de corto plazo. Durante esa semana se desencadenó también la secuencia de quiebras de bancos europeos, que no ha parado todavía.

Muchos hemos dicho por varios años que los sistemas financieros son incapaces de auto-regularse y, por ende, que las medidas de liberalización financiera contienen el germen de crisis. La historia de estas últimas es, por supuesto, tan vieja como la banca, pero sabemos que la frecuencia de las crisis financieras y, en general, la inestabilidad financiera han alcanzado desde los años setenta los niveles más altos de la historia.

Pero, sin duda, esta crisis es la “prueba maestra” de que, desafortunadamente, teníamos la razón.  La explicación básica es muy simple y fue analizada hace varias décadas por Hyman Minsky, un gran intelectual norteamericano, de moda hoy pero ignorado por la ortodoxia económica, obsesionada por demostrar la eficiencia de los mercados. El problema fundamental es que a medida que avanzan los auges tiende a aumentar la confianza y los agentes financieros toman, por ello, posiciones cada vez más riesgosas, en el sentido en que involucran mayor endeudamiento en relación con el capital que poseen (mayor “apalancamiento”, para utilizar la jerga de la profesión). La lógica de este modo de operar es contundente durante los auges, porque permite hacer grandes ganancias con poco capital, gracias a la inflación de los precios de los activos que se auto-genera. El auge termina, por lo tanto, con niveles de endeudamiento excesivo de todos los agentes y escasa capitalización de las entidades financieras, que siembra la semilla de las quiebras de los deudores y de los intermediarios financieros.

De lo anterior podemos concretar que tomar decisiones riesgosas en el mercado financiero, trae consigo una crisis financiera que lesiona gravemente la actividad económica de un determinado sector o de todos los sectores en general, es se genera principalmente por el endeudamiento en que caen los agentes financieros, actitud riesgosa que le apuesta a incrementar el recurso económico en las empresas y entidades financieras, pero que al final resultan desastrosas.

FUENTE:

http://www.economia.unam.mx/amhe/pdfs/Ocampo.pdf

Publicado el 10 de octubre de 2008 en Portafolio.com.co, El portal de Tecnología y Negocios, http://www.portafolio.com.co/opinion/analisis/2008-10-10/ARTICULOWEB-NOTA_INTERIOR_PORTA-4594094.html

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